Escoliosis en adultos: no es solo una curva, y no siempre requiere cirugía
La escoliosis no es exclusiva de la adolescencia. En adultos puede aparecer o progresar por desgaste de la columna, provocando dolor y cambios posturales que conviene evaluar a tiempo.
La escoliosis es una desviación lateral de la columna que le da una forma curva cuando se observa de frente o de espaldas. Aunque suele asociarse con la adolescencia, también puede presentarse o progresar en la edad adulta, y sus causas y síntomas son distintos en cada etapa de la vida.
En los adultos existen principalmente dos escenarios. El primero corresponde a personas que tuvieron escoliosis desde jóvenes y que, con el paso de los años, notan que la curva se mantiene o incluso aumenta. El segundo, conocido como escoliosis degenerativa, aparece en la edad adulta como consecuencia del desgaste de los discos y las articulaciones de la columna, que pierden altura de forma desigual y provocan que la columna se incline hacia un lado.
A diferencia de la escoliosis del adolescente, donde la principal preocupación suele ser la progresión de la curva durante el crecimiento, en el adulto el motivo de consulta más frecuente es el dolor. Muchos pacientes describen molestias en la espalda baja que aumentan al permanecer de pie o caminar por periodos prolongados. En algunos casos la desviación comprime nervios y aparece dolor que se irradia hacia las piernas, hormigueo o sensación de debilidad.
Además del dolor, algunas personas notan cambios en la postura, como un hombro o una cadera más elevados que el otro, una inclinación del tronco hacia un lado o la sensación de haber perdido estatura. Estos cambios pueden desarrollarse de manera gradual, por lo que a veces son otras personas quienes los notan primero.
No toda escoliosis en el adulto requiere tratamiento quirúrgico. En muchos casos, cuando la curva es estable y los síntomas son leves, el manejo se orienta a controlar el dolor, fortalecer la musculatura que da soporte a la columna y mantener la funcionalidad. El seguimiento periódico permite vigilar si la curva se mantiene estable o si progresa con el tiempo.
La valoración especializada se vuelve importante cuando el dolor limita las actividades diarias, cuando la desviación aumenta de forma evidente, cuando aparecen síntomas neurológicos como debilidad o entumecimiento en las piernas, o cuando los cambios posturales afectan el equilibrio y la calidad de vida. En estas situaciones, la cirugía puede considerarse para corregir la deformidad y aliviar la presión sobre los nervios.
Consultar a tiempo permite entender el tipo de escoliosis, conocer su grado y decidir el manejo más adecuado para cada persona. El objetivo no es alarmar por la presencia de una curva, sino identificar cuándo esa curva está generando síntomas o progresando de manera que conviene atender. Reconocer estos signos ayuda a proteger la columna y a mantener una buena calidad de vida a largo plazo.