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Epilepsia

Epilepsia refractaria: cuando la cirugía cerebral se convierte en la mejor opción

Vivir con crisis epilépticas que los medicamentos no logran controlar es agotador y limitante. Para algunos pacientes, la cirugía cerebral no es un último recurso, sino la mejor opción disponible.

22 abr 2026 8 min
La epilepsia es una condición neurológica caracterizada por crisis recurrentes producidas por actividad eléctrica anormal en el cerebro. En la mayoría de los pacientes, el tratamiento con medicamentos antiepilépticos logra un control adecuado de las crisis. Sin embargo, aproximadamente uno de cada tres pacientes con epilepsia no responde de manera suficiente a los fármacos, condición que se denomina epilepsia refractaria o farmacorresistente. Para este grupo, existen opciones que van más allá del manejo médico, entre ellas la cirugía cerebral. La epilepsia se considera refractaria cuando las crisis persisten a pesar del uso adecuado de al menos dos medicamentos antiepilépticos bien tolerados y a dosis apropiadas. En estos casos, la búsqueda de alternativas no solo es válida sino necesaria, ya que las crisis no controladas tienen consecuencias importantes sobre la seguridad, la calidad de vida, la función cognitiva y el estado emocional del paciente. La cirugía de epilepsia no es un procedimiento de última instancia al que se recurre por desesperación. Para muchos pacientes es la alternativa con mayor probabilidad de lograr una reducción significativa o incluso la eliminación completa de las crisis. Para que sea posible considerarla, es necesario identificar con precisión la zona del cerebro donde se origina la actividad epiléptica, conocida como la zona epileptógena. El proceso de evaluación prequirúrgica es riguroso e implica varios estudios complementarios. La resonancia magnética de alta resolución permite identificar lesiones estructurales que pueden ser el foco de las crisis, como displasias corticales, esclerosis del hipocampo o cicatrices. El video-electroencefalograma, en el que se registra simultáneamente la actividad cerebral y las crisis clínicas del paciente, es fundamental para correlacionar los síntomas con el foco eléctrico. En algunos casos se requieren estudios adicionales como la tomografía por emisión de positrones o el mapeo cerebral funcional para delimitar con mayor precisión la zona a tratar y proteger las áreas responsables de funciones esenciales como el lenguaje o el movimiento. Cuando la evaluación permite identificar un foco claro y este se encuentra en una zona operabl sin comprometer funciones neurológicas críticas, la cirugía puede ofrecer resultados muy favorables. En los casos más frecuentes, como la epilepsia del lóbulo temporal asociada a esclerosis del hipocampo, las tasas de control de crisis después de la cirugía son altas, con un porcentaje importante de pacientes que quedan libres de crisis. No todos los pacientes con epilepsia refractaria son candidatos a cirugía resectiva. Para aquellos en quienes no es posible identificar un foco único o en quienes la lesión se encuentra en zonas que no pueden abordarse quirúrgicamente, existen otras alternativas como la estimulación del nervio vago, la estimulación cerebral profunda o la radiocirugía estereotáctica. Si un paciente lleva más de dos años con crisis mal controladas a pesar del tratamiento médico, la derivación a una unidad especializada en epilepsia para evaluación prequirúrgica es un paso que puede cambiar de manera radical su situación. La epilepsia refractaria tiene más opciones de las que muchos pacientes conocen.